“Jugada a tres bandas-Cerrado, no oscuro”. Pérsico, Schramm y Szalkowicz

 

 

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La exposición CERRADO, NO OSCURO se aproxima al retrato no sólo como una metodología capaz de facilitar un tipo exacto de expresión o movimiento sino como un modo de trasladar tales procedimientos a otras zonas de atención. Esta práctica iniciada en la escultura, continuada en la pintura y popularizada a través de los daguerrotipos y las fotografías, cuya vinculación con otros lenguajes y medios ha desarrollado distintas posiciones, se presenta como un género donde cada uso supone una nueva acepción. Entrelazando precisión formal, ficción e interés narrativo cada una de estas fotografías, imágenes y objetos aparecen como actualizaciones del medio pero también como otras maneras de hablar de uno mismo. Cuando la interpelación y la afirmación del gusto es el camino hacia la construcción del yo, el retrato se presenta como un lenguaje indefinido, tan variable como performático.

Con la intención de ampliar una porción de realidad a través de una situación menos descriptiva que climática, en este caso el de la ciudad de Río de Janeiro planteada por Manuel Puig en la novela Cae la noche tropical, Gastón Pérsico (Buenos Aires,  Argentina, 1972) parte del retrato literario no para ahondar en las descripciones exhaustivas y simbólicas sino para construir entre escenarios y tiempos diversos el clima de una ciudad, concentrado en los diálogos que mantienen las dos protagonistas. Una selección de estas conversaciones ha sido impresa en distintos folios y colocada en el suelo junto a una serie de vistas de los edificios o de un texto sobre un bar publicado en la prensa carioca, con la intención de componer un retrato tan polifónico como escurridizo. El conjunto ofrece un pequeño laberinto de sentidos donde la objetividad descriptiva ha sido desplazada. No es la ciudad sino el clima que estas frases inducen el que exige un tipo de localización. Entre la cita arquitectónica, la escenografia y la dispersión el artista se ocupa de reponerla. Pero también a través de agentes externos, como las diferentes postales que desde Río de Janeiro han llegado a la galería o de la oración que protagoniza el póster colocado sobre el muro: “Voy a contar ahora una aventura aún más extraña…”, la primera línea con la que Witold Gombrowicz empieza su novela Cosmos. Dos libros, una primera frase y un conjunto de ellas conforman los índices de esta pesquisa.

El temario que las fotografías de Roman Schramm (Alemania, 1979)  oculta responde al interés del artista por investigar los modos en que los medios gráficos fagocitaron una noción de estilo masculino, asignando un status a ciertos colores: blanco para la tareas de oficina y azul para los entornos obreros. Es decir, las dialécticas que se establecen entre las estructuras comerciales, la publicidad entendida como un ejercicio de repetición y la cultura, condensadas a partir de 1933 en la revista Esquire por su primer editor Arnold Gingrich. Tomando estas zonas de atención como una enciclopedia gestual de la que extraer todo tipo de desarrollos y conclusiones el artista traslada, en este caso, la expresividad plástica propia del retrato de personas hacia el mundo de los objetos. Fotografiados la mayoria de la veces sobre un fondo de color o estampado, similares a los empleados por los estudios de fotografia del siglo XIX como una respuesta sencilla ante tanta demanda. Los objetos de Schramm se colocan sobre un fondo que los recorta, pero estos fondos, a diferencias de sus antecesores, en algunos casos son realizados a través de tecnologías digitales capaces de procesar tales imágenes.

Entre la epifanía y la hiperconciencia del incidente los retratos de Cecilia Szalkowicz (Buenos Aires, Agentina, 1972) se detienen allí donde la felicidad se vuelve climática, esencial, corpórea. Pero precediendo a toda ventura, lo que la artista nos indica es el enigma de lo que acontece en el acto de mirar. Este presente de lo inmediato es traducido en una serie de objetos, misceláneas y sujetos fotografiados en blanco y negro, pero también en color. Cuya presentación impone un efecto atemporal que recuerda tanto a los gabinetes de aficionados como a las primeras exposiciones de salones de fotografía. Como si de un retrato fisonómico de dos gestos se tratara, una mano convertida en escultura sostiene en alto una postal y otra la sujeta. Cecilia Szalkowicz especifica el medio, lo visual es lo que viene después de un encuentro circunstancial, tan único e irrepetible como el pelo/mano que acomoda el cuello de uno de los sujetos fotografiados y que responde a una circunstancia lumínica, donde la oscuridad facilita un teatro de apariciones transitorias. El ver como un conjunto de elementos de reconocimiento puestos en simultáneo encuentra en el retrato fotográfico el lenguaje más inmediato para construir tal gramática.

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